Encontrar detalles eróticos en la pintura de Dalí no es difícil. Más o menos explícitamente, el sexo impregna la obra del de Figueras de una manera casi obsesiva. No podía ser de otra manera dados los principios de los que parte: esa vanguardia en la que el surrealismo terminó trinunfando, proclamando lo onírico, la liberación de los instintos o el sexo como pilares fundamentales de la ruptura contra lo racionalmente burgués.